La situación que estamos atravesando en la actualidad a nivel mundial es muy complicada para todos. Estamos viviendo un momento de extraña incertidumbre en el que no nos está quedando más que agarrarnos a la esperanza de que todo esto, cual pesadilla, termine lo antes posible y de la mejor manera.

Mientras tanto, políticos e investigadores tratan de encontrar las mejores soluciones con el tic-tac del reloj que cuenta los días con bajas. El personal sanitario, al 1000%, se releva en eternas guardias diarias y los medios de comunicación no dejan escapar ni una noticia que pueda darnos luz en este encierro global.

Sin embargo, sin quitar ni un ápice del valor que tiene el trabajo de todos ellos, hoy queremos brindar nuestro reconocimiento a un gran sector que entró en esta crisis sanitaria con papel de reparto y ya va camino de un Oscar. Estamos hablando de los supermercados y tiendas de alimentación.

Ellos están siendo los encargados de que, aun en el aislamiento, podamos mantener unas condiciones óptimas de vida. Día a día, todo el personal da la cara (literalmente) por nosotros, poniéndonos la mejor sonrisa, mientras se arriesgan a ser contagiados por este maldito coronavirus. Desde que abren por la mañana hasta que cierran ya entrada la noche, están siendo los responsables de que podamos llenar nuestras despensas o conseguir los artículos que necesitamos para mantener la higiene de nuestros hogares.

Y no pienses que nos olvidamos de que esta cadena empieza mucho más atrás con los también imprescindibles trabajadores del sector primario (agricultores, ganaderos, pescadores, etc.). A ellos, especialmente, empresas como la nuestra, les debemos muchísimo. Pero el gran valor en estos días es que los cajeros, reponedores, carniceros, charcuteros, pescaderos o vigilantes de seguridad están poniendo su salud en juego por un enorme sentido de responsabilidad social.

Sabemos que esto poco va a aliviar el agotamiento con el que llegarán a casa tras una jornada de trabajo ni la incómoda sensación de pensar que pueden contagiar a sus familiares. Pero tenemos la esperanza de que, al menos, sirva para que, en el fondo de sus corazones, sepan que no están solos en esto.

Y, sobre todo, para que el día de mañana, cuando vayamos al supermercado a por víveres, los miremos a los ojos y les digamos con sinceridad:

MUCHAS GRACIAS POR CUIDARME.

Grupo Ganaderos de Fuerteventura